Durante este curso hemos terminado de impartir la formación al alumnado del Máster de Profesorado para educacion secundaria, y se desarrolló dentro de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad del País Vasco en Donostia.
El objetivo de las sesiones fue doble, por un lado, sensibilizar a las y los futuros docentes sobre la economía social y solidaria, la justicia económica y la educación transformadora; y por otro, dotarles de herramientas prácticas para que sean capaces de convertir estos temas complejos en propuestas educativas reales, aplicables en el aula y adaptadas a adolescentes y jóvenes.
La formación se estructuró en tres sesiones, combinando teoría, reflexión colectiva y trabajo práctico.
Primera sesión: mirar la economía con otros ojos
Fue una introducción a la Economía Social y Solidaria (ESS) y al análisis crítico del sistema económico actual. No se trataba de dar una clase de economía al uso, sino de abrir preguntas: ¿cómo funciona el modelo económico dominante?, ¿a quién beneficia?, ¿qué impactos tiene sobre las personas y el medio ambiente?
A partir de conceptos como capitalismo y desigualdad, interdependencia global o alternativas económicas, se fue construyendo un diálogo con el alumnado. Un diálogo que conectaba la economía con la educación: ¿qué papel puede jugar la escuela en la construcción de una ciudadanía crítica?, ¿cómo abordar estos temas sin caer en discursos abstractos o moralizantes?
La sesión culminó con un primer ejercicio clave: identificar una problemática social o económica que cada grupo considerara relevante para trabajarla en el aula. Aquí empezaron a emerger preocupaciones muy concretas, ligadas al entorno cercano y a la experiencia cotidiana.
Segunda sesión: aprender jugando (y pensando)
Dio un paso más hacia la práctica. Se presentaron distintas metodologías participativas pensadas para activar al alumnado y convertirlo en protagonista de su propio aprendizaje: aprendizaje basado en proyectos, gamificación, aprendizaje cooperativo, estudios de caso, debates o simulaciones.
Uno de los momentos más potentes fue la presentación de una Escape Box sobre finanzas éticas. A través de un juego de acertijos, el alumnado tuvo que enfrentarse a conceptos como la banca ética, las crisis financieras o el uso responsable del dinero. El objetivo no era “ganar”, sino experimentar cómo se pueden trabajar contenidos complejos de forma dinámica, colaborativa y motivadora.
Tras esta experiencia, cada grupo comenzó a diseñar su propia dinámica educativa, tomando como base la problemática identificada en la primera sesión. Aquí se mezclaban creatividad, dudas, debates y muchas preguntas prácticas: ¿esto funcionará en un aula real?, ¿cómo adaptar el lenguaje?, ¿qué pasa si el alumnado no participa?
Tercera sesión: creando mi propia unidad didáctica
Durante esta última sesión tuvo lugar la presentación de las unidades didácticas diseñadas por los distintos grupos. Cada propuesta partía de un problema social o económico concreto y planteaba una forma de abordarlo en el aula de secundaria o bachillerato.
El papel de Economistas sin Fronteras en esta fase fue especialmente importante. Desde nuestra experiencia práctica en educación y en el trabajo con jóvenes, se ofreció una devolución constructiva, señalando puntos fuertes y posibles mejoras. No desde la teoría, sino desde la pregunta honesta: ¿esto funcionaría cuando llegas al aula tal cual está planteado?
Porque una de las ideas clave que se transmitió durante toda la formación fue esta: no basta con tener una buena idea, hay que adaptarla a la realidad concreta del aula, al tiempo disponible, al contexto del centro y a la diversidad del alumnado.
Los temas que eligieron estaban relacionadas con las problemáticas trabajadas por los grupos y reflejan muy bien las inquietudes de nuestra sociedad actual… y también de quienes se están formando para enseñar en ella, así:
a) Uno de los grupos eligió la turistificación de la ciudad de Donostia. Su propuesta invitaba al alumnado de secundaria a reflexionar sobre cómo el turismo masivo afecta a la vivienda, al espacio público, a los servicios o a la movilidad, y cómo los barrios y centros históricos soportan una presión creciente. No se quedaban en el diagnóstico: el ejercicio incluía pensar soluciones y medidas, fomentando el pensamiento crítico y propositivo.
b) Otro grupo trabajó la sostenibilidad en una ikastola, planteando cómo un centro educativo puede ser más sostenible en su día a día y cómo implicar al alumnado en ese proceso. De nuevo, la clave estaba en pasar de las grandes palabras a acciones concretas, cercanas y realizables.
c) Un tercer grupo puso el foco en la aportación de las mujeres en la filosofía y la historia, proponiendo una actividad teatral en la que el alumnado representara las vidas y contribuciones de mujeres invisibilizadas en distintas disciplinas sociales y económicas. Una forma creativa de cuestionar los relatos tradicionales y ampliar referentes.
Aprender a enseñar… enseñando
Más allá de los contenidos, lo más valioso de este proceso fue el aprendizaje compartido. El alumnado del Máster no solo diseñó unidades didácticas; experimentó en primera persona lo que significa aprender desde la participación, el debate y la reflexión crítica.
Desde Economistas sin Fronteras, la formación también fue un ejercicio de coherencia: no se puede hablar de educación transformadora desde metodologías rígidas y unidireccionales. Por eso, cada sesión buscó ser un ejemplo vivo de lo que luego se proponía trasladar al aula.
Como se repetía en las devoluciones finales: “esta es una buena idea, pero cuando llegas al aula hay que matizarla aquí, ajustar esto otro, pensar en los tiempos…”. Esa mezcla de entusiasmo y realismo es, probablemente, uno de los mejores aprendizajes para quien empieza su camino como docente.
Mirando al futuro
Cerrar este proceso formativo deja una sensación clara: hay ganas, ideas y compromiso entre las y los futuros profesores para abordar los retos sociales desde la educación. Pero también la necesidad de acompañamiento, de espacios como este donde poder experimentar, equivocarse y aprender sin miedo.
La experiencia con el Máster de Profesorado en Donostia demuestra que es posible —y necesario— tender puentes entre la universidad, las organizaciones sociales y las aulas de secundaria. Porque si queremos una ciudadanía crítica, informada y comprometida, el camino empieza mucho antes de entrar en clase: empieza en cómo formamos a quienes van a enseñar.
Y en ese camino, sembrar preguntas puede ser tan importante como ofrecer respuestas.




