La necesaria reorientación de la economía española

Por Carlos Berzosa Alonso-Martínez(*)  

Artículo publicado en eldiario.es, 5 de febrero de 2021

 

La economía mundial ha sufrido dos crisis de envergadura en un período de tiempo muy corto. De modo que, sin apenas  poder recuperarse de las consecuencias de la primera, ha llegado la segunda. Las dos se han producido por causas diferentes. La primera, una crisis financiera que se trasladó muy rápidamente a la economía real, fue debida  a causas económicas derivadas del modelo neoliberal que se impuso desde la década de los ochenta del siglo pasado. La segunda  ha sido provocada por un agente como el virus, en principio un factor exógeno a la economía.

El modelo neoliberal ha supuesto un ataque a la intervención del Estado en la economía, dando primacía al mercado como el mecanismo más idóneo para la asignación de los recursos. Todo ello ha llevado consigo privatizaciones de empresas de los sectores de la producción y los servicios, y desregulaciones en los diferentes mercados, fundamentalmente en el laboral y financiero. Se impulsó la globalización, en la que las finanzas adquirieron la hegemonía sobre la actividad productiva y el comercio.  Los mecanismos del Estado-nación quedaron limitados, como consecuencia de la globalización, y de la pérdida de autonomía resultado de ella, y de las progresivas privatizaciones, así como de la desaparición de las políticas públicas sectoriales y regionales. En consecuencia, con estas ideas se alentaron políticas de bajadas de impuestos, disminución del gasto público y recortes de los déficits públicos.

Las consecuencias fueron un aumento de la desigualdad, que fue acompañado de una creciente concentración de la riqueza y la renta en el 1% de la población, y un incremento de la especulación y del endeudamiento privado. La crisis que  se desencadenó con la caída de Lehman Brothers en septiembre de 2008 fue el resultado de un conjunto de fuerzas que se desataron en una fase de un capitalismo desbocado. La especulación financiera, bursátil e inmobiliaria desempeñó un papel decisivo, así como el endeudamiento y la desigualdad. Se produjo la quiebra de un modelo que se había desarrollado en tres décadas, impulsado por los intereses económicos dominantes, que han sido los grandes beneficiados, y legitimado por el paradigma económico que se impuso desde la década de los setenta  del siglo XX.

Las causas de la crisis no se combatieron y la recuperación fue una salida falsa, que ha dejado al descubierto todos los puntos flacos con el coronavirus. El debilitamiento de los servicios públicos, fundamentalmente el de salud, y los recortes en I+D, junto con la precariedad del trabajo, han agravado las consecuencias de la pandemia.  Ahora bien, ¿se puede descartar que el surgimiento de la pandemia no tuviera nada que ver con la economía? De hecho, cuando lo he planteado como una variable exógena lo he matizado diciendo «en principio». Menciono esto porque ha habido científicos que han vinculado la aparición de un virus tan contagioso, agresivo y letal al cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la reducción del espacio de los animales salvajes y la deforestación. Todo ello es interdependiente y responde en parte al cambio climático, pero también al avance de la agricultura industrial y la demanda de madera que provoca el talado de los bosques. 

En España, Fernando Valladares ha insistido en la tesis de la pérdida de biodiversidad  y el achicamiento del espacio de los animales salvajes como causante de la existencia de virus como el de la Covid-19. Se pueden ver  varios vídeos en los que expone de forma muy pedagógica sus argumentos.  A este respecto, es muy interesante el libro del sueco Andreas Malm El murciélago y el capital (Errata Naturae, 2020). No soy científico ni experto en esta materia para afirmar de un modo categórico que estas circunstancias puedan ser las causas de la pandemia actual y de las que puedan venir en el futuro. En todo caso, sus argumentos me parecen muy convincentes. El libro de Malm se encuentra muy documentado y cuenta con una extensa bibliografía que avala su postura.  Desde luego, es una aproximación a un hecho del que siguen sin saberse las causas que han motivado la aparición de este virus. De ser esto así, resulta evidente que la pandemia no es ajena al modelo económico actual,  que no solamente provoca el cambio climático, sino que es un gran depredador de la naturaleza. 

De manera que un virus que no es una variable económica, sino que responde a motivaciones biológicas, puede ser generado por factores económicos. De forma que, si la crisis financiera puso en cuestión el fundamentalismo de mercado,  la crisis derivada de la pandemia, que está siendo mucho más grave que la anterior, cuestiona el modelo de producción y consumo actual. Las negativas consecuencias que se están provocando no sabemos hasta donde pueden llegar, pues todo dependerá de la duración de la pandemia, de las consecuencias de lo que supone la mutación del virus o de la aparición de otros virus. La vacuna es posible que acabe con el virus, pero para conseguir una erradicación de éste resulta necesario que se vacune a casi toda la población mundial. Las dificultades para que puedan acceder a ella los países subdesarrollados pueden ser un problema de gran envergadura. 

Si hay algo que se puede aprender de las dos crisis es que el mercado está lejos de generar modelos socialmente deseables, lo que conduce a la necesidad de que el Estado desempeñe un papel fundamental y que vuelva a coger la batuta que en su día tuvo, pero que le ha sido arrebatada. Antes de la crisis de 2008 ya se habían hecho proposiciones para corregir un rumbo de la economía que se consideraba peligroso, como así  quedó puesto de manifiesto  con el estallido que tuvo lugar. Las tendencias perversas se agudizaron con el desenvolvimiento de la Gran Recesión, pero no se cambiaron los fundamentos del crecimiento económico que se estaba dando. Así que se han vuelto a cometer los mismos errores.

Las críticas al modelo de crecimiento que desembocó en la crisis y a las políticas de austeridad que se pusieron en marcha como respuesta a la situación se han intensificado. Hay bastantes economistas prestigiosos que han realizado propuestas valiosas, demostrando que otra economía es posible. Sin embargo, han chocado contra un muro construido por las élites económicas, organismos económicos internacionales y la ciencia económica neoliberal. Se han vuelto a cometer los mismos errores. En este contexto, llegó la pandemia, que tenía ante sí una economía de riesgo. La pandemia está provocando una verdadera catástrofe  económica y social y es hora de cambiar ante lo que se avecina. 

Las debilidades de la economía española

Lo dicho hasta ahora sirve para situar a la economía española dentro de un contexto de mundialización, pues no  ha sido ajena a las corrientes dominantes, tanto en la realidad como en la teoría. También es fundamental realizar el análisis teniendo en cuenta el espacio económico de la Unión Europea (UE), al que pertenece. La comprensión de la crisis no se puede hacer desde un plano nacional, como hacen determinados economistas y analistas.  El epicentro de la crisis estuvo en Estados Unidos y desde allí se expandió por el resto del mundo. El área de la UE fue muy afectada. De forma que los países contagiados lo pasaron peor que el que contagió. Los países más golpeados fueron principalmente los del sur, Grecia, Italia, Portugal y España. 

Las razones de que esto fuera así son varias, pero entre ellas destacan la singularidad de las estructuras económicas de cada país, y en consecuencia el desarrollo desigual de la UE, así como el euro, cuya instauración se hizo en un terreno con pilares poco sólidos. No se cumplían las condiciones que debería tener un área monetaria  óptima.  La desigualdad entre los países miembros fue un condicionante que no quedó contrarrestado por la existencia de una política fiscal común de la UE.  Las políticas de austeridad agravaron la situación. Se consiguió salvar al euro, lo que no estaba claro al inicio de la crisis, y se comenzó una recuperación. No obstante, los aparentes logros tuvieron unos costes sociales elevados y un gran perjudicado: el Estado del bienestar. Todo esto se ha pagado durante la pandemia.

La economía española ha sido de las más golpeadas por las dos crisis, dentro del grupo de los países desarrollados. Esto se debe a las particularidades que tiene y que la diferencian de otros países de la propia UE. En concreto, el modelo de crecimiento español tiene carencias estructurales profundas. En el balance de las fortalezas y debilidades, hay que señalar que, si bien las primeras indudablemente las tiene, pues si no España no pertenecería al grupo de los países desarrollados, las segundas son las que han quedado más claramente manifestadas. 

Lo primero que hay que señalar es que no se tiene un sector industrial fuerte, y por ello se padece una falta de competitividad en la economía internacional, al tiempo que hay una excesiva dependencia tecnológica y de las multinacionales. Una escasa I+D que perjudica notablemente al propio desarrollo industrial. Un tejido empresarial de pequeñas y medianas empresas  que tienen en  gran parte una baja productividad. Un peso excesivo del sector de la construcción y del turismo. Una serie de debilidades determinantes: en el caso del turismo, por ejemplo, el hecho de que no existan actividades productivas con fortalezas que lo compensen ha provocado consecuencias muy negativas para el conjunto, debido a la parálisis como la que está sufriendo. Por lo que concierne a la construcción hay que subrayar que ha estado sometida a expansiones especulativas, que han creado burbujas y elevada corrupción. El papel que ha desempeñado el sector financiero e inmobiliario ha sido determinante en la marcha de la economía, y no para lo mejor.

Un cambio de rumbo se hace necesario. Los desafíos son grandes. Algunos de ellos tienen una dimensión internacional, como la lucha contra el cambio climático y la regulación de la globalización, aunque haya que hacer acciones a nivel nacional, regional y local. Otros factores son propios de un modelo nacional  que se necesita modificar con cierta urgencia para lograr un desarrollo sólido, equitativo y sostenible. La crisis de la pandemia ha sacado a la luz muchas cuestiones que son fundamentales, como el contar con un sistema fuerte de salud público, la necesidad de dedicar más fondos para I+D y potenciar la economía de los cuidados. Al tiempo que ha hecho visibles muchos empleos que pertenecen a los servicios esenciales. La prestación de estos servicios ha sido tan fundamental que sin ellos no habríamos podido sobrevivir en la pandemia. Esta realidad contrasta con la situación laboral de muchos empleados de estos servicios que se encuentran en una situación de precariedad en el trabajo y con bajos salarios.  

La necesidad de afrontar los desafíos presentes y futuros es lo que ha motivado a  Economistas sin Fronteras, con buen criterio, a dedicar el número cuarenta de los Dossieres EsF que esta organización publica trimestralmente a esta temática, que yo mismo he coordinado y que lleva por título «Hacia la reorientación del modelo productivo de  la economía española«. Un monográfico en el que se abordan los temas más candentes y urgentes en esta difícil coyuntura. Se ha pretendido llevar a cabo un enfoque global en el que tengan cabida diferentes visiones y enfoques que no se limitan a plantear en términos tecnocráticos este cambio de reorientación. Ante las contribuciones que se han hecho, poco más puedo añadir. El índice ya ofrece la riqueza de las aportaciones. En general, se hacen análisis de  la  situación actual resultado de la historia reciente, al tiempo que se ofrecen perspectivas y alternativas al agotamiento de un modelo.

La reconstrucción económica no puede consistir en una vuelta al pasado justificada en la premura de que hay que generar empleo a costa de lo que sea. Desde luego que la creación de empleo debe ser una prioridad, pero no a cualquier precio y de cualquier forma. La reconstrucción es una ocasión para cambiar con creación de empleo estable y mejor retribuido, pues de no hacerse una transformación, se habrá perdido otro tren más de los muchos que se han dejado pasar en la historia de España. Confío en que estas contribuciones y otras que se están haciendo no choquen contra el muro de los intereses creados.  

(*) Carlos Berzosa es Catedrático emérito y rector honorario en la Universidad Complutense de Madrid. Ha coordinado el número 40 de los Dossieres EsF que publica trimestralmente Economistas sin Fronteras, titulado «Hacia una reorientación del modelo productivo de la economía española».

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