Mi cuarta semana en Moneda Social Puma por Clara Maeztu Gomar

Para realizar este último diario de la estancia he querido hacer una evaluación de cómo he vivido mi experiencia en la Moneda Social “el Puma”. Hacía tiempo que conocía la iniciativa, había tenido la oportunidad de escuchar a algunos/as de sus integrantes en distintas ponencias, y la ubicaba en su contexto y por su importancia dentro del ámbito de la Economía Social española. Sin embargo, ha sido durante estas cuatro semanas cuando he tenido la oportunidad de asomarme a la realidad de su funcionamiento y organización, y me siento muy afortunada y agradecida de haber tenido la posibilidad de hacerlo. En el primer diario de la estancia hice una descripción detallada sobre su contexto y estructura, por lo que esta vez me ceñiré a comentar mis impresiones finales a cerca de la experiencia vivida con ellos/as.

Se trata de una entidad cuyo éxito no puede entenderse sin su contexto, sin el barrio y sin su sede, la Casa Palacio del Pumarejo, ya que son las características sociológicas del entorno lo que constituye parte de sus logros. Nacida bajo el amparo de un barrio participativo y valiente, con una larga tradición de lucha e implicación ciudadana, la Moneda social surgió y se mantiene como forma de brindar a sus usuarios/as una manera alternativa de intercambiar bienes y servicios, a través de la proximidad y las relaciones sociales comunitarias. Abastecimiento, soberanía alimentaria, abundancia, cuidadanía, son palabras que inmediatamente empiezas a  manejar cuando te acercas a la Moneda.

No tengo más que palabras de agradecimiento para los gestores/as de la iniciativa, así como para mis tutoras, quienes fueron en todo momento cercanas y cálidas en el trato, y enseguida me abrieron generosamente las puertas de la entidad. Es conocida la frase que afirma que las grandes cosas surgen de gente cotidiana haciendo cosas extraordinarias, y creo que este ejemplo se ajusta bien a la realidad del Puma: ciudadanos/as abiertos/as, que creen en otro modo de relacionarse, vivir en la comunidad y hacer economía, y que no han vacilado a la hora de crear y participar en una iniciativa de autogestión como es esta moneda social.

Una visita guiada por el barrio, un Mercapuma, el III Aniversario de la Moneda, el programa de radio mensual, la Central de Abastecimiento y una Asamblea General mensual fueron algunas de las actividades en las que he podido participar durante este tiempo, y que sin duda me han permitido acercarme un poco más a la realidad interna de la moneda.

Gestionar el funcionamiento de una de las iniciativas de Economía Social españolas más exitosas del país, con gran fama no sólo nacional sino internacional, no es una tarea sencilla. Sin embargo, una de las cosas que más llama la atención de sus responsables, es su gestión del tiempo y los procesos. Tienen muy en cuenta la evolución natural de las cosas, y al mismo tiempo que son atrevidos a la hora de plantear nuevos proyectos para la iniciativa, no hay miedo a parar, replantear, conversar y discutir sus aspectos clave, lo que constituye, desde mi punto de vista, uno de los pilares de su prosperidad. Organizados en grupos de trabajo, que funcionan de manera independiente, las funciones de coordinación se realizan a través de la Asamblea General mensual, donde cada persona expresa cómo ve y siente el rumbo del trabajo. Con más de ochocientos usuarios/as de la moneda, sus dimensiones hacen que las tareas de organización requieran cada vez más implicación y trabajo, pero la aceptación de sus capacidades y tiempos posibilita que no haya miedo de replantear las cosas si es necesario. En una sociedad que puede ser en algunas ocasiones voraz y competitiva, con ritmos vertiginosos de trabajo, sorprende y se agradece encontrar estas otras formas de organización y funcionamiento.

Uno de los aspectos que más me ha fascinado de la organización, es su concepción de “laboratorio de experimentación”. Además de las actividades propias de cualquier moneda social, el Puma tiene muchas otras: Pumafunding, Caja de Cuidados, Central de Abastecimiento, “Baby Puma”, “Servicio de Mediación”, etc. Se trata de una iniciativa creativa, abierta a la experimentación de nuevas ideas, de nuevos proyectos, que se adapten a las necesidades detectadas en sus integrantes. Para esto, siguen el modo “ensayo-error”: la propuesta se pone en marcha, si funciona, se adopta, y si no funciona, se abandona. En cualquier caso, será mucho lo que aprendan durante ese proceso: y es precisamente esa audacia lo que hace tan especial a la Moneda.

Su espíritu y voluntad de ser un espacio de creación los hace singulares, creadores de fórmulas novedosas, en la búsqueda de satisfacer las diversas necesidades de sus integrantes. Considero que podría ser interesante que otras iniciativas de monedas sociales conocieran estos procesos y este tipo de ofertas de servicios, animándose a probar nuevas propuestas para sus propias estructuras. 

Obviamente, no todo es sencillo, y la entidad no está exenta de dificultades. Este tipo de iniciativas sociales tienen complicaciones intrínsecas, que se suelen repetir en todas ellas, relacionadas con los retos propios de los modelos de autogestión: falta de tiempo de las personas responsables, problemas de conciliación e implicación, tabúes en relación a la remuneración de ciertos cargos, tensiones por compartir espacios, falta de apoyo e incluso en ocasiones cierto boicot por parte de los poderes públicos, etc. Se trata de cuestiones que por lo general se repiten en estos modelos de experiencias, y volver a encontrarlos aquí me hace plantearme que quizás sea interesante estudiarlos: ver cuáles son los puntos comunes, y sobre todo la forma en la que cada organización los resuelve. La puesta en común de estas situaciones y la búsqueda y comparación de posibles soluciones podría llegar a ser muy enriquecedora para una gran pluralidad de proyectos.

Sin embargo, vuelvo a repetir que la voluntad de buscar el acuerdo, de fomentar la expresión de las formas de sentir la entidad, el respeto a los procesos propios de las personas y la colectividad que la forman, son una de las bases del Puma, que si no siempre se cumple, siempre se intenta y se tiene presente.

Creo que cumplo con las expectativas que tenía al empezar esta estancia y esta colaboración con Economistas sin Fronteras. He conocido y colaborado con la entidad en todo lo que me ha sido posible durante este periodo, y mi intención a partir de ahora es seguir conectada a ella, a través del grupo de trabajo de Participación, y abriéndome una cartilla como usuaria.

Tras este mes, puedo afirmar que la fama del “Puma” es totalmente merecida: hablar de Economía Social en España pasa necesariamente por hablar de esta moneda social. Agradecida y entusiasmada por esta experiencia, quedo a total disposición de Economistas sin Fronteras y el proyecto “Challenging the Crisis”, y animo a todo el que pueda estar leyendo esto a conocer y a colaborar con estas “inventoras sociales” que forman el Puma: una iniciativa especial y necesaria, de rescate de la perspectiva social y comunitaria en el contexto de nuestros entornos urbanos.

Aseguro que merecerá la pena.

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