Mi primera semana en Moneda Social Puma por Clara Maeztu Gomar

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  • Sábado 14 de marzo de 2015
Para la realización de la estancia de voluntariado, se me asignó como entidad la moneda social “el Puma”, uno de los proyectos de economía social más relevantes y conocidos a nivel andaluz, estatal, e incluso internacional. Esta entidad suponía un reto y un privilegio, y se puede decir que empecé la estancia de la mejor manera posible.

Al ponerme en contacto con la que iba a ser mi tutora durante este mes, me invitó a pasar con ellos la mañana del sábado de esa semana, ya que en ese día coincidían dos propuestas muy interesantes. En primer lugar, venía a Sevilla un grupo de estudiantes de primero de Economía de la Universidad de Granada a conocer la entidad, y se les había preparado una visita guiada por el barrio y por la Casa Palacio del Pumarejo, donde se le iba a explicar el funcionamiento de la moneda. Posteriormente, en esta misma sede iba a tener lugar el Mercapuma mensual.

De esta manera, se me invitó a asistir a ambos eventos, y el sábado 14 por la mañana, tras presentarme a los organizadores de la visita, me encontré esperando en el famoso Arco de la Macarena la llegada del autobús con los estudiantes de Granada, dispuesta a empezar el recorrido.

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“Cuidado con los bolsos, tened vuestras pertenencias vigiladas”. Con esta frase nos recibió la policía a nuestra entrada a la plaza del Pumarejo. A pesar de hacer un bonito día de sol, y estar la plaza bastante animada, un furgón y al menos cinco policías se encontraban vigilando el entorno, y nos advirtieron creándonos cierto sentido de alarma. Salva y Jorge, organizadores de la visita, nos explicaron que el edificio colindante con la Casa Palacio había sido hasta hace un poco un centro de dispensación de metadona, y a cincuenta metros había también un comedor social, lo que había marcado en algunos momentos el carácter de la zona, imagen que sería desmontada rápidamente con todo lo que íbamos a ver después.

Lo primero que recalcaron, es que no se puede entender el Puma sin la Casa Palacio del Pumarejo, ni la casa sin el barrio, y tal y como pude ver a lo largo de la visita, tampoco podríamos entender el propio Puma sin el barrio y su contexto. Quisieron empezar la actividad dándonos una vuelta por puntos destacados de la zona, para que pudiéramos presenciar el ambiente que allí se respira, para luego volver a la Casa, y centrarnos en ella y en el Puma, y así lo hicimos.

Muchas personas se preguntan qué tiene el barrio del Pumarejo para congregar tantas iniciativas comunitarias exitosas, y para entender este fenómeno hay que conocer las condiciones sociológicas que convergen en él. Se trata de un barrio situado entre la Macarena y la Alameda de Hércules, y que representa a esa “otra Sevilla”, la Sevilla alternativa, que convive con aquella más costumbrista que bien refleja los tópicos que existen sobre esta ciudad.

Los sevillanos, como andaluces que son, son personas que aman su ciudad y el espíritu de sus habitantes. Se vive en la calle, se socializa hasta el extremo, gusta encontrarse y disfrutar del clima, la gastronomía y la buena compañía. En el barrio del Pumarejo, han sabido captar esta esencia, y apelar al sentido más comunitario de sus vecinos, canalizándolo hacia otras formas de vivir el barrio y la vida en comunidad. En poco más de una hora, pudimos visitar los alrededores del barrio, haciendo paradas en algunos puntos clave del mismo.

Una de las primeras fue el Colegio Huerta del Carmen.

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Se trata de un centro escolar, cuya principal característica es que no alberga únicamente las actividades escolares propias de un centro de estas características, sino que está abierto a todo tipo de encuentros del barrio, prestando su sede para la realización de los mismos. Es fácil encontrarlo abierto en fin de semana, y nos explicaron que el año pasado se celebró allí el Encuentro sobre Decrecimiento organizado por la Red de Decrecimiento de Sevilla.

Visitamos también los Corralones de Artesanos, lugar que reúne talleres de artesanos de distintas disciplinas, configurándose como una versión moderna de los antiguos corralones de artesanos.

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Tras esta visita, fuimos a uno de los lugares con más magia de la ciudad. Se trata del Huerto del Rey Moro, un solar, en el que hace esquina una casa que dicen que fue morada de un mandatario árabe, y que un grupo de jóvenes recuperó para crear allí un huerto urbano. Una vez que lo arreglaron, hicieron una fiesta invitando a todo el barrio, y consiguieron congregar a cerca de dos mil personas en el lugar, impidiendo así que el Ayuntamiento volviera a privatizar el espacio. Finalmente, los jóvenes promotores entregaron a los vecinos las llaves del huerto, pasando este a formar parte oficialmente del patrimonio de la comunidad.

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Las imágenes no hacen justicia a este lugar, ya que, aparte del huerto que tienen, los árboles, y los espacios que han construido, se respira allí un aura especial que debe ser vivida y sentida. Había muchos vecinos y familias enteras disfrutando de la mañana, y pudimos ver cómo han construido un horno de leña, donde cada mañana algunos vecinos hornean su propio pan del desayuno, y en el que ese día iban a hacer pizzas caseras para comer.

Allí nos encontramos a Luciano, un experto agricultor italiano que lleva mucho tiempo trabajando en el lugar, y que se ha convertido en uno de los personajes esenciales de este espacio.

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Aunque nos costó abandonar el huerto, nos iba tocando volver a la plaza. Durante la vuelta, pudimos pasar por algunas tiendas que tienen la pegatina que acredita que admiten pumas en el pago de sus productos, como es el caso de Santa Cleta, una bicicletería en la que puedes pagar las reparaciones y las bicicletas en pago mixto: un porcentaje en euros y otro en pumas.

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Ya de vuelta en la plaza, entramos en la Casa Palacio del Pumarejo. Se trata de un edificio histórico del s.XVIII, que fue propiedad de Pedro Pumarejo, un mercader de productos de las Indias, y que más tarde se convirtió en una casa de vecinos, habilitándose la parte superior como viviendas, y los bajos como talleres y comercios.

La historia de la Casa es la historia de la lucha vecinal del barrio. Durante años, se han sucedido las tensiones entre el Ayuntamiento y los vecinos, que llevan décadas luchando por su preservación como espacio vecinal y colectivo. Han existido varios proyectos para convertir la Casa en un hotel, con el pretexto de “sanear la zona”. Sin embargo, los vecinos siempre han luchado en contra de estos planes, consiguiendo en 2003 que se declarara como bien protegido, con la misma distinción y protección que gozan edificios tan insignes en la ciudad como la Giralda, lo que supuso un punto de inflexión en el proceso de preservación del espacio.

Actualmente, como pudimos ver, siguen viviendo familias allí, y una parte de la casa se presta para acoger todo tipo de eventos e iniciativas del barrio, constituyéndose como una especie de centro cívico, y albergando las actividades del mismísimo Puma. Son los propios vecinos y miembros de la red de la moneda social los que están trabajando voluntariamente en las labores de preservación del edificio, ya que su estructura necesita urgentes reformas.

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Hasta aquí duró la imprescindible parte de la visita de contextualización de la moneda social. Tras este paseo, se entiende mejor la vida e historia del barrio, el carácter de sus vecinos, acostumbrados a luchar por sus propios proyectos de gestión colectiva de espacios vecinales, y participar en ellos, así como su predisposición a vivir la zona en comunidad. Entender y contextualizar el entorno, es una pieza fundamental a la hora de comprender el éxito de su moneda social, que es sólo uno de los muchos proyectos de economía alternativa y vida en comunidad que existen en la zona.

Pasamos a la planta de arriba, nos sentamos en círculo, y pasaron a explicar en profundidad el funcionamiento del Puma. Se trata de una moneda social de crédito mutuo, nacida hace justo en estas fechas tres años, a raíz de un taller de  monedas sociales impartido por Julio Gisbert en el año 2011. Como moneda social, tienen una plataforma online donde las personas ofrecen servicios y contactan con otros miembros para realizar los intercambios, los cuales son apuntados en sus cartillas personales.

Sin embargo, uno de los puntos fuertes del Puma, es el hecho de que ellos mismos consideren el proyecto como un “laboratorio de experimentación”. Están muy abiertos a nuevos procesos, a la creación de nuevos grupos de trabajo. Cuando surge una nueva idea, se debate, y si tiene aceptación la ponen en marcha. Si no funciona, lo evalúan y reconsideran, y si es necesario la abandonan. El hecho de tomarse estos procesos con naturalidad, hace que surjan muchas propuestas que trascienden de la estructura ya clásica y general que tienen las monedas sociales.

Actualmente, tienen abiertos cinco grupos de trabajo, que trabajan de forma independiente, y se coordinan a través de la Asamblea General, que se reúne al menos una vez al mes. Los actuales grupos de trabajo son:

1. Grupo de Administración: encargado de las cuentas.

2. Grupo de difusión: se ocupa de las redes sociales, charlas y explicaciones sobre la moneda al exterior.

3. Grupo de Acogida: son el primer contacto con nuevos interesados en participar en la iniciativa, encargados de recibir a quien quiera formar parte de la misma. Cuando tienen entre cinco y diez interesados, hacen sesiones con ellos los miércoles, para introducirlos en la misma.

4. Mercapuma: se trata de un mercado que se abre las mañanas del segundo sábado de cada mes.

Tiene lugar en la misma Casa Palacio, y durante el mismo los interesados pueden exponer en mesas los productos que quieran vender, ya sean de comida, productos de higiene, artesanía, etc., los cuales pueden ser comprados, bien enteramente en pumas, o bien en pago mixto (pumas + euros), cuya configuración puede ser pactada en el momento de la compra, siendo la única condición que al menos un 30% del precio sea pagado en pumas.

Los pagos pueden hacerse con las cartillas, en el caso de los miembros de la moneda social, o bien con billetes físicos de Pumas, para los casos de personas que no tengan cartilla pero quieran intercambiar, quienes pueden cambiar sus euros en pumas en unos stands situados a la entrada. Se trata del único día al mes en el que aparecen estos billetes físicos, los cuales caducan en el mismo día, de forma que no se puedan acumular y se favorezca la realización de los intercambios.

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Los euros recaudados con la conversión de euros en pumas durante los Mercapumas tienen varios destinos dentro de la organización:

  • Un 50 % se destina a la “Central de Abastecimiento”: en la organización se plantearon el concepto de soberanía alimentaria, y tras largas discusiones acordaron crear lo que llamaron “Central de Abastecimiento”. Con los euros que recaudan en los Mercapumas, compran alimentos, que ponen a disposición de los miembros de la moneda social, los cuales pueden comprarlos con pumas. Existe incluso la opción de realizar el pedido por Internet, y pasar directamente a recogerlo y pagarlo.

Lo interesante de esto, es que, con los pumas que consiguen con los intercambios, ya que la organización ofrece comida, todo tipo de productos, y algunos establecimientos del barrio aceptan pago en pumas, los miembros de la moneda pueden satisfacer alrededor de un 40% de sus necesidades cotidianas a través del pago en moneda social.

  • Un 20% pasa a la “Caja de Cuidados”: contabilizan las horas mensuales que los miembros de los distintos grupos de trabajo destinan al funcionamiento de los mismos, por las que cada uno recibe una cantidad simbólica de Pumas. En conexión con las teorías de economía de cuidados, se busca valorizar el trabajo que supone el mantenimiento de la organización, compensando por ello a sus protagonistas, y dándole un espacio y reconocimiento a esas horas de dedicación.
  • El último 20% pasa a financiar las labores de rehabilitación de la Casa Palacio, las cuales como comentamos antes están siendo realizadas por los propios vecinos.

Sin embargo, las actividades no terminan aquí. También podemos mencionar:

  • El servicio de mediación: donde personas de la organización se ofrecen a solucionar conflictos surgidos entre miembros de la red.
  • Pumafunding: a modo de crowfunding, financian proyectos de interés social, cultural, medioambiental, etc. a interés cero.

Todos estos servicios complementarios son muestra de la singularidad de este proyecto de moneda social, y son fruto de su falta de miedo a la equivocación. Utilizan el método ensayo – error: este no era el mapa de proyectos que tenían hace unos meses, ni serán los mismos que puedan encontrarse el año que viene. Ellos mismos afirman que esto es lo que les funciona en este momento, pero puede que mañana mismo ya no sea así. No les asusta parar, replantear, y vivir en el presente, construyendo la iniciativa a través de las personas que la forman con la base del feedback del día a día. No quieren “morir de éxito” como ellos dicen, y no abandonan el espíritu “slow” que suele estar presente en estos proyectos.

Un punto interesante de la visita, fue compartirla con alumnos de primer año de la carrera de Economía. Las monedas sociales suponen un giro de 360 grados respecto a las lógicas económicas dominantes, y acercarte por primera vez a ellas pasa necesariamente por el cuestionamiento de las bases del paradigma económico del que todos actualmente partimos.

Tras la exposición el grupo se llenó de las preguntas habituales en los primeros contactos con estos proyectos: ¿pero no tenéis ningún tipo de regulación fiscal? ¿Para qué ofrecer los servicios en pumas si los puedo ofrecer directamente en euros? ¿De qué sirve esto si nunca va a poder extenderse a nivel macro?

Se debatió mucho, y se dieron muchas respuestas a estos habituales primeros recelos. “La economía hegemónica parte de la escasez. En el Puma partimos de la abundancia”. Abundancia de saberes, de recursos, de la riqueza que sus integrantes son capaces de generar. Apelan al sentido comunitario, a que el acto de comprar o intercambiar tus productos y satisfacer tus necesidades se haga en un espacio de encuentro con los demás, de alegría, en lugar de realizarlas a través de los habituales medios impersonales. “Con suficiente tenemos bastante”, afirman.

Son conscientes de que todo esto es posible gracias a las condiciones especiales que tiene el entorno en que se encuentran, y consideran que se trata de iniciativas que tienen su contexto privilegiado en el entorno local, y no tanto a nivel más macro. Sin embargo, al preguntarles, su objetivo es lograr la mayor soberanía posible. “Satisfacer nuestras necesidades, en el ejercicio de una vida que merezca la pena ser vivida”.

No convencieron a todos los estudiantes. No todos habrán conectado con lo que en esa mañana vivieron. Pero estoy convencida de que, en pocas horas, plantaron la semilla de la duda y de la curiosidad en algunos de ellos. Son futuros economistas. Parte del futuro paradigma económico estará en sus manos, por lo que resulta importantísimo que al menos que se acerquen y conozcan otras posibles maneras de desarrollar su labor.

Terminada la charla, bajamos al ya famoso para nosotros Mercapuma. Intercambiamos nuestros euros en pumas, y curioseamos entre los puestos, donde la comida y bebida artesana se mezclaba con los productos de higiene corporal, la mayoría con precios mixtos de pumas + euros.

Comí una riquísima tortilla vegana, hecha sin huevo, y un brownie casero de chocolate, acompañados de una “Espuma”, cerveza artesana elaborada por sus vendedores. Allí, charlando al solito con los promotores de la actividad, se puede sentir el espíritu del barrio, la sensación de bienestar y encuentro que hace que el Puma enganche, y que en tres años haya reunido a más de 800 participantes, y haya producido intercambios por valor de 60.000 pumas, equivalentes a 60.000 euros.

Estando allí se siente aquello de lo que ellos hablan. Es, sin duda, otra forma de vivir en el entorno.

Primer día. Y ya engancha.

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  • Objetivos para la realización de este voluntariado.

La posibilidad de colaborar con este proyecto constituye para mí una oportunidad de seguir conectada al mundo de la Economía Social. Durante los últimos años me he dedicado a investigar sobre este ámbito, e intento aprovechar todas las ocasiones posibles para irme sumergiendo cada vez más en él. Realicé mi proyecto de fin de carrera sobre este ámbito, formo parte de una investigación de la Universidad Pablo de Olavide sobre actividades comunitarias alternativas que estudia, entre otros ámbitos, monedas sociales y Bancos del Tiempo, y el mismo barrio de Pumarejo, y he podido asistir durante este tiempo a jornadas y congresos, pero tenía muchas ganas de vivir estos proyectos desde dentro, conectándome con este movimiento en su parte más práctica.

Al recibir los correos del boletín mensual de Economistas sin Fronteras, en los que se hablaba de la oportunidad de realizar esta estancia en una entidad de economía social, enseguida comprendí que se trataba de una buena oportunidad para conseguir este objetivo.

De esta manera, las principales metas que me propongo durante el desarrollo de esta estancia son los siguientes:

1. Conocer el barrio de Pumarejo y la moneda social del Puma: ver cuál es su estructura, cómo trabajan y qué proyectos tienen en funcionamiento.

2. Colaborar con la entidad en todo lo posible: ver en qué ámbitos les sería de ayuda contar con mi trabajo y echar una mano en todo lo que esté a mi alcance, de forma que mi estancia también les repercuta de forma beneficiosa a ellos.

3. Abrirme una cartilla de usuaria del Puma: y ver la posibilidad de continuar colaborando con ellos una vez que termine la estancia.

4. Conectarme al proyecto “Desafiando la Crisis”: y seguir trabajando y aportando al proyecto mientras este dure.

5. Conocer mejor Economistas sin Fronteras: y dejar la puerta abierta a colaboraciones y trabajo con ellos en el futuro.

En definitiva, me gustaría aprovechar la estancia todo lo posible, y poder seguir vinculada a todo lo que conozca durante este mes. No son pocos objetivos, ni tampoco poco ambiciosos, pero es lo que me gustaría conseguir con el desarrollo del trabajo durante esta estancia. Ahora sólo toca trabajar para que todo esto sea posible.

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