No dejemos que nos deshumanicen. Sylvia Llobel de Valencia

Acabo de leer un post en un blog de Ángeles Caso, que se titula : “ Necesito poco y lo poco que necesito, lo necesito poco”. En el, la escritora pone en relieve la importancia de las pequeñas cosas cotidianas, de nuestro entorno, su impacto en nuestras vidas, frente a las turbaciones nacidas del afán por poseer y consumir, de la gente tóxica y quejumbres etc… .

Este artículo recoge en buena parte de mi filosofía de vida. Pero esto no ha de ser un ardiz que me impida ver y, al menos intentar sacar otras conclusiones , o contemplar otras perspectivas.

Quiero expresar en este escrito, mis impresiones extraídas de estas jornadas, y agradecer la oportunidad que he tenido de acercarme a ellas.

Los ponentes y participantes han ido aportando desde su experiencia y parcela de trabajo su visón y planteamiento de la economía. Hemos paseado desde los planteamientos ideológicos y teóricos que definen los modelos económicos, a su deriva política y la globalización de estos sistemas, hasta detenernos en sus impactos y la intoxicación de modelos de resistencia frente a cambios desde las facultades de enseñanza de la economía.

Y las nuevas corrientes nacientes. Hemos visto como el poder se reparte de forma desigual, y aprovechando para hacer una reflexión sobre la desigualdad en el acceso a los recursos, y en definitiva cómo hemos de cambiar las relaciones de poder y retomar una participación mas real, efectiva y eficaz dentro del modelo político, que nos hemos dado como democracia. Ser democrático de fondo y no sólo de forma.

Hemos sido conscientes de que nos estamos enfrentando a poderes que se hallan disueltos o diluido las sillas de los grandes consejos de administración de grandes grupos, y que este es uno de los puntos clave, en los que hemos de cambiar una posición de alienados de estos poderes, por confrontación abierta y efectiva.

Hemos leído, cómo nuestros gobiernos de los países llamados democráticos están a merced y trabajan sin ningún disimilo, por y para los intereses de estas grandes corporaciones, dejando así sin efecto cualquier planteamiento democrático posible.

Vivimos en un sociedad, que está siendo conducida hacia la sobrecarga de información para no poder sacar ninguna idea en claro, y estar deliberadamente desinformada, por lo homogéneas que son las noticias, donde el individualismo, y la competencia entre nosotros, nos aleja de una visión mas global o amplia de la realidad de nuestra sociedad. Vivimos para consumir y somos consumidos por las reglas de juego que nos vienen impuestas. Perdemos perspectiva, y con ella, los valores; perdemos interés por lo que sucede a nuestro alrededor, y con ello, nuestros derechos, como si de una fuga por goteo se tratase.

Sigilosa y suavemente, nos han dejado sin argumentos que permitan justificarse incluso a las declaraciones de los derechos humanos, la protección a la infancia, o de los espacios, las reservas de recursos naturales, y los espacios naturales. Las han convertido en papel mojado. Han copado todos y cada una de las estructuras de poder de nuestra sociedad, y son capaces de poner precio hasta al oxigeno que consumen sus industrias, para no dejar de producir.

Todos estos atropellos, lo son, porque nos hemos desarraigado de nuestro sentido social y de nuestro sentido común, en pro de un individualismo. Si ahora hemos de desandar ese camino, la cuestión ya no es sólo cómo hacerlo, sino si esos, que nos han robado hasta el aire y le han puesto precio, que han amordazado nuestras instituciones, van a dejar que intentemos un replanteamiento de nuestro modelo de sociedad. En el mejor de los casos, su posición les permite a golpe de decreto, convertir en ilegal cualquier acción cotidiana, y generar otro tipo de indefensión mayores si cabe.

Ser libre y demócratas, exige una igualdad real frente a las leyes, y tener voz y representación, está claro que vivimos en un escenario que ha convertido al mundo en un gran teatro, con sólo una obra que poner en escena.

Mas allá de ver cuales son nuestras necesidades y de los muchos requisitos que demanda una acción de fondo y de envergadura, que pretenda, que recojamos nuestras riendas para una gestión y participación de nuestro devenir cotidiano. Mas allá de ser consciente de que estamos frente a un problema de toma de decisiones transversal, de la necesidad de afrontar nuestras capacidades y remover las desde múltiples frente de forma mas o menos simultanea, necesitamos llegar a recuperar el poder político, y jurídico que garantice que nuestras decisiones, la implantación de nuestras economías o nuevas formas de economía tomadas, desde los ámbitos de gestión mas reducidos, puedan recorrer un camino real, tener continuidad y estar protegido por nuestras leyes.

En consecuencia, cualquiera que sea el planteamiento de cambio, ha de hacerse desde el amparo legal al derecho de hacerlo, a la búsqueda de apoyos legislativo que permita su posterior desarrollo, crecimientos y expansión y proyección a otras comunidades. Ha de haber cabida para el respeto y a la recuperación a la identidad cultural de los pueblos o de grupos implicados, ser conscientes que hemos reducir las huellas de nuestros impactos y controlar nuestro consumo. Hemos de recoger las experiencias habidas y sacar de ellas las lecciones aprendidas y evitar repetir o reproducir los errores que comprometan la existencia de otros modelos de economía.

Es difícil pensar y creer en unas medidas de contención al cambio climático, tan urgente y tan necesario, si se desoyen de forma sistemática los acuerdos marco internacionales, si no tenemos plataformas de presión que velen por que estos acuerdos sea puestos en marcha en los términos en que fueron redactados y de forma urgente. Pensemos que las expectativas planteadas en estos acuerdos son de mínimos. Y si las del cambio climáticos son ignoradas, cuanto mas las medidas de afectación social.

Quien dice para el cambio climático, dice que igualmente se hace necesario que plataformas ciudadanas de interés en cada uno de aspectos sociales requeridos, sean voz y veto, frente al ultraje que el nuevo liberalismo pretende e, impedir que se acote y reduzca al ostracismo a aquellos grupos o segmentos sociales que no les reporte un 300 % o mas de rendimiento.

Pensemos que no les tiembla el pulso si hay que eliminar para ello, de un plumazo, nuestro derechos sociales, de educación y de sanidad, o cualquier otro derecho y comprometer la vida en nuestro planeta y también, los logros por los nuestros antepasados lucharon y se sacrificaron.

No dejemos que nos deshumanicen.

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