‘Otra Economía Está en Marcha’, por Mónica Navascués

Según lo que hemos podido ver en lo expuesto recientemente en las conferencias “Otra Economía Está en Marcha” todo indica que las políticas de desarrollo en tiempos de crisis, que se basan fundamentalmente en políticas de austeridad, son contrarias e incongruentes con los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Aunque hay que reconocer que los 17 objetivos suscritos por 193 países son un paso positivo hacia el avance de una sociedad equitativa y sostenible, la realidad es que son un compromiso que representa un mero consenso sobre la dirección hacia dónde debería dirigirse la sociedad y el modelo económico. No obstante, en el análisis de los objetivos de un modelo de desarrollo sostenible, descubrimos que las políticas económicas en los tiempos de crisis no crean infraestructuras que permitan la evolución hacia un modelo de desarrollo sostenible. En su mayoría las políticas carecen de una base legislativa y del pilar fundamental de compromiso con el bienestar equitativo de la sociedad que a su vez impulsen y ayuden a construir aquellas infraestructuras que permitan alcanzar los objetivos del desarrollo sostenible.

En los últimos años y como consecuencia de una crisis devastadora sin precedentes, hemos visto como el bienestar social y derechos laborales que se venían construyendo durante décadas se han derrumbado llevando consigo el bienestar, el patrimonio y la riqueza de décadas de trabajo. Los efectos colaterales de esta crisis han sido devastadores y han afectado en mayor o menor medida a toda la población, independientemente de su edad y posición socio-económica. Uno de los mayores efectos devastadores, sin duda, ha sido la destrucción y desaparición de una clase media, y por otro lado, la desaparición del modelo productivo económico, que a su vez ha sido el causante del derrumbe de años de trabajo construyendo un bienestar social.

Durante su intervención en las conferencias, La Profesora Sassen expuso de manera muy ilustrativa y concisa cómo la economía había dejado de ser un sistema de producción, distribución, comercio y consumo de bienes y servicios de una sociedad o de un país a ser una fuerza extractivista y arrolladora global que escapa al control de gobiernos, legislación y fuerzas políticas, y solo genera riqueza de manera casi automática para una minoría mientras arrasa, extrae, destruye y desplaza a las poblaciones haciendo inhabitables sus ciudades así como la convivencia en las mismas. Según la Dra. Sassen, ya no se trata de micro o macro economía sino de matemáticas algorítmicas.

Como hemos visto anteriormente, las políticas del 2030 aunque asumen compromisos específicos referentes: la erradicación de la pobreza, desigualdad, etc., carecen de sentido porque las actuales políticas de austeridad sin embargo no implementan un marco legislativo ni ponen medidas jurídicas, específicas ni recursos para llegar a la carta magna de compromisos.

De los 17 Objetivos del Desarrollo Sostenible, más de la mitad emanan de una base fundamental que consiste en la percepción por parte de la población de unos ingresos por un trabajo que permitan sobrevivir dignamente a la sociedad en el entorno.

Como agravante a esta situación, los precios y el coste de vida sigue imparable, los recortes y las políticas de austeridad van en contra de la población, la carga fiscal sigue perjudicando a los sueldos más bajos y los beneficios de las empresas siguen en aumento.

En un escenario semejante, la premisa del “trabajo decente” ha dejado de existir. Al dejar de existir, este ha sido el acelerador de la pobreza, el hambre, el declive de la salud y bienestar y a su vez hecho que ha hecho incrementar las desigualdades haciendo que las ciudades y comunidades sostenibles sean una mera utopía.

La crisis económica mundial y las políticas de austeridad que han acompañado a la crisis, concretamente en el caso español han sido devastadoras. Por un lado han empobrecido a la mayoría de los españoles, dejándoles además sin derechos laborales, dejando sin cobertura de bienestar a la mayoría de los trabajadores quienes han visto los avances y protecciones consolidados durante los últimos años desaparecer ante el argumento de las políticas de austeridad.

El caso de la banca en España es especialmente notorio e ilustrativo en el sentido de causantes de la crisis, perceptores de ayudas y ganancias desorbitadas sin regulación ni supervisión alguna. Si contrastamos el caso de la banca española con el caso de la banca americana, el hecho fundamental que les distingue es que en Estados Unidos, el rescatar a las entidades financieras de la crisis económica no ha supuesto pérdidas para sus contribuyentes, sino unos beneficios. En Estados Unidos el rescate bancario no solo fue repagado, sino que además resultó en términos de ganancias que ascendieron a los 87 billones de dólares americanos.

El caso español, sin embargo no fue así. De las grandes economias, España es el país europeo que más dinero lleva perdido en el rescate bancario entre las grandes economías, un 4,3% del PIB. Aún habiendo costado millones al contribuyente español, hasta la fecha sigue sin haber ninguna legislación para regular a los bancos ni las practicas que nos han llevado a la situación actual donde sigue habiendo cientos de miles de afectados por la especulación inmobiliaria, las preferentes, las cláusulas suelo, por las prácticas monopolísticas bancarias, y por la falta de regulación y supervisión por parte del Banco de España.

Para alcanzar el objetivo de desarrollo sostenible, hay una premisa fundamental clave para la consecución de todas las demás. Esta premisa es la renta mínima garantizada cuyos efectos y beneficios están documentados en un experimento realizado por el gobierno canadiense entre los años 1974-1979, conocido como el experimento Dauphin.

En este experimento se estipulo un ingreso mínimo para todo una población de un pueblo. Entre otros muchos beneficios se vio entre la población la relación en términos de mejora entre la estabilidad económica y la salud, la educación, el desarrollo, la sostenibilidad de las comunidades, la erradicación del hambre, etc.

Los resultados de este estudio están empezando a formar las bases de unas políticas sociales y económicas en países basados en economías keynesianas como son Canadá y Suiza, que han rechazado por completo las políticas de austeridad ante los efectos devastadores de la crisis mundial, y, por el contrario, han dirigido sus políticas económicas al gasto social entendiendo que el gasto en mejora de vida de la sociedad contribuye al desarrollo sostenible del país.

De este estudio hay muchas conclusiones y datos importantes que demuestran y avalan que éste representa el pilar más importante de las políticas que sustenta todo: es un ingreso básico garantizado y una seguridad económica.

De ahí nace y evolucionan todos los compromisos enfocados al bienestar social. La erradicación del hambre, el fin de la pobreza, la mejora de la salud, la mejora de la educación, la recaudación tributaria proporcional y equitativa a ingresos, la sostenibilidad de un modelo económico.

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