Relatoría del encuentro “Emprender colaborando”

Autor: Pablo Sal de La Tercera Pata, una asociación sin ánimo de lucro que tiene como objetivo el empoderamiento de las entidades sin ánimo de lucro en la gestión económica, tanto en la parte más operativa (asesoría contable y fiscal) como en la parte más estratégica (viabilidad, consolidación, oportunidades estratégicas, crisis…). La colaboración de La Tercera Pata con Economistas sin Fronteras, en forma de relatoría en este caso, supone estrechar relaciones, conocernos y continuar sembrando un camino fértil del que nacerán ricas y nuevas sinergias.

 

En estos momentos estamos a punto de emprender una colaboración, aunque sea en diferido. Yo me dispongo a escribir estas líneas y en algún momento, tú comenzarás a leerlas. No nos conocemos, pero precisamente por eso, te propongo una serie de pautas para trabajar juntas. Son básicas, pero nos ayudarán a lograr una colaboración satisfactoria.

Para empezar comparto contigo 4 puntos cardinales que pueden guiar el rato que pasemos juntas:

  • Consciencia: tomemos unos segundos para aterrizar, estar presentes en el aquí y en el ahora y preguntarnos qué queremos conseguir de esta colaboración.
  • Creatividad: como la habilidad innata de imaginar cómo queremos que sean las cosas.
  • Humor: buen humor, a ser posible. Humor que haga más llevadero el proceso, al margen de cuál pueda ser el resultado final.
  • (h)Amor: ni romántico, ni fraternal. Un (h)amor con H de habitar, un reconocimiento a los afectos que surgen en cualquier proceso. Un (h)amor que reconoce esa capacidad de afectarnos y dejarnos afectar, de habitarnos y dejarnos habitar con las personas que trabajamos, SIN colonizarnos.

Me atrevo también a hacerte 3 recomendaciones: (1) te animo a ser generosa y proactiva, no te dejes nada en el tintero y pregunta y comparte todo lo que necesites; (2) seamos respetuosas, tanto con los tiempos como con los procesos, no monopolicemos la palabra, pero regalémonos escucha activa; y (3) seamos empáticas, podemos no estar de acuerdo, pero eso no significa que no podemos trabajar juntas.

Y dicho esto, podemos empezar… o continuar, porque este acuerdo mutuo para trabajar juntas se puede considerar un buen comienzo. ¿Quizá podemos mejorarlo aún? Te adelanto que en esta colaboración necesito tu atención al leer estas líneas; por mi parte puedo aportar el cariño y el trabajo que he dedicado para hacerte llegar este documento.

Y para los productivistas como un servidor, al borde de un ataque de ansiedad por llevar más de 300 palabras y no tener claro el objetivo de todo esto, por fin podemos empezar a hablar de qué va esta colaboración que ya hemos comenzado y que continuaremos unos minutos más.

Estás leyendo la relatoría de la sesión “Emprender Colaborando: Una oportunidad para el contexto COVID” que fue dinamizada por  Txelu Balboa de ColaBoraBora el 6 de mayo de 2021 y que se enmarca en el itinerario formativo “Emprendiendo con mirada social” ofrecido por Economistas sin Fronteras Euskadi. Y este fue uno de los principales aprendizajes que nos llevamos en la tartera: dar importancia a los preliminares. Tener todas las conversaciones necesarias, no dejarse nada dentro.

La sesión comenzó con la presentación de ambas entidades, Economistas sin Fronteras, asociación sin ánimo de lucro que llevan más de 20 años luchando por una economía más justa y ColaBoraBora, una cooperativa de iniciativa social parte de REAS Euskadi que se dedica a diseñar y facilitar procesos de innovación social, estratégica u organizacional.

Llegó la hora de la primera confesión: las pautas iniciales para trabajar juntas no son de mi cosecha. Fueron el punto de partida propuesto por ColaBoraBora y revelan una píldora condensada de años y años de acompañamiento de procesos. La simplicidad es la máxima sofisticación, que diría Leonardo Da Vinci.

Una primera presentación en grupos pequeños arrancó las primeras sonrisas. Y eso que la dinámica propuesta recordaba a una entrevista de trabajo. ¿En qué soy buena, qué valor tengo? ¿En qué no soy buena, qué necesito complementar? Todas volvíamos abruptamente de las salas pequeñas de Zoom a la plenaria, sin haber quitado aún la sonrisa de la última palabra en petit comité. Momento de conocernos, tejer redes, relajarnos.

Tocaba el turno ahora de la parte más teórica de la sesión. Txelu nos presentó la colaboración como ese terreno deseable que debe ser desmitificado para evitar frustraciones. Como sociedad, nos hemos olvidado de cooperar y muchas veces nos lanzamos a la piscina obteniendo un resultado poco satisfactorio. Necesitamos colaborar y saber colaborar, transitar por procesos más habitables, más sosteVIDAbles.

La colaboración debe ser entendida también en sentido amplio, como un gradiente que puede ir desde una participación puntual hasta una implicación recíproca. Ninguna de ellas está mejor que la otra, depende del contexto y las necesidades y capacidades de quienes deciden colaborar. Entender este gradiente nos ayuda a tomar conciencia de hasta dónde podemos o queremos llegar.

Lo siguiente fue hacer un repaso a los fundamentos básicos para la colaboración, tal vez obvios una vez dichos pero tantas veces olvidados:

  • No dejarse nada por decir, pero ser capaz de sostener las respuestas: una invitación a no callarse nada, a huir hacia los problemas como espacio de gestión para generar un proceso más habitable. También un aviso para no confundir sinceridad con sincericidio y tener cuidado al soltar determinadas bombas sin prestar atención a si tenemos el tiempo necesario para abordarlas.
  • Confianza, reciprocidad y reputación: tres patas que se retroalimentan y que conforman una base circular desde la que construir en colectivo.
  • Cómo activar una colaboración: dejando de lado la visión productivista, comenzar por conversar y poner encima de la mesa desde dónde queremos construir en colectivo y compartir tanto lo que uno necesita como lo que puede aportar. Sólo después de haber afianzado esto, tal y como he hecho en la introducción de esta relatoría, podremos hablar sobre el proyecto y después repartir las tareas.

El último punto de la exposición teórica y que ya enlazaba con la parte práctica sirvió para presentarnos el itinerario KOOPtel, una propuesta para establecer las bases de una cooperación satisfactoria.

Una de las herramientas incluidas en este itinerario es la “Ruleta de los Capitales”, que nos permite identificar los recursos que disponemos pero también los que necesitamos. Es habitual partir de la sensación de escasez (que no tenemos lo suficiente para empezar) y darnos cuenta con este ejercicio que disponemos de mucho más de lo que pensábamos. La ruleta está dividida en 6 tipos de capitales, (repropiándonos así de la palabra CAPITAL, que el capitalismo ha fagocitado para identificarla únicamente con el financiero): recursos materiales, conocimiento, tiempo, red social consolidada, sostenibilidad y recursos económicos.

Ésta fue la propuesta para trabajar en común en equipos reducidos y lo llevamos a cabo a través de la herramienta Miró, cuyo resultado podemos consultar todavía. La dinámica era sencilla pero efectiva. Después de una ronda de presentaciones iniciales, cada persona seleccionaba los principales capitales que podía aportar a un hipotético proyecto. La conversación continuaba con la priorización de los capitales que se habían puesto en común para después identificar aquellos que se echaban en falta.

La herramienta permitió visibilizar y poner en valor los capitales con los que contamos de partida y que a veces no valoramos lo suficiente o desviamos nuestra atención a los que carecemos. Entre estos capitales cabe destacar los de conocimiento en una amplia gama de sectores (economista, industrial, gestión, procesos, tecnología, informática, animación socio cultural, investigación, maquetación de documentos, marketing, audiovisual…). La red social, con acceso a redes de diferente tipo y contactos personales, y la sostenibilidad en sus diferentes vertientes (ambiental, pero también emocional y de grupo) eran otras aportaciones con las que se podía contar inmediatamente. Como cabía esperar, el capital económico era uno de las carencias señaladas aunque no faltaron voces que recalcaron las posibilidades de acceso a financiación o subvenciones. Por último, señalar que se pusieron al servicio del proyecto recursos materiales que pueden suponer un salto cualitativo en el inicio del proyecto: herramientas digitales, materiales de trabajo, oficina, garaje, pabellón…

El tiempo se nos echó encima y Zoom nos devolvió, una vez más de forma abrupta, a la sesión plenaria. Con la hora a punto de cumplirse, nos regalamos unos minutos más para poner en común algunas reflexiones finales:

  • La herramienta había sido muy visual, una forma rápida de ver lo que tenemos y lo que nos falta.
  • Las conversaciones que provocaba el ejercicio ayudaban a detectar complementariedades, generar nexos interesantes que aunque no fuera para este proyecto en concreto, abría la puerta a futuras colaboraciones.
  • Una herramienta útil para aterrizar, para acotar lo que tenemos y por dónde podemos empezar.
  • Se resaltó la importancia de las conversaciones al inicio del proyecto, como ayuda a la comunicación asertiva y como forma de identificar cuestiones conflictivas. En definitiva poner blanco sobre negro antes de arrancar con el proyecto.
  • A la hora de priorizar los capitales de uno de los grupos, se coincidió en la necesidad de disponer de espacios físicos de encuentro y trabajo en común. El teletrabajo ha mostrado una serie de ventajas pero éstas no sustituyen a la presencia física, que mejora el entendimiento y da pie a ese espacio que cuida más lo relacional.

Sirviéndonos una vez más de la herramienta Miro, hicimos una evaluación final en forma de “¿Qué nos llevamos en la tartera?”. Y parece que nos fuimos con la tartera bastante llena: una hoja de ruta clara, la opción de bajar a tierra y definir ideas, la herramienta de la ruleta de capitales, la creación de redes, la posibilidad de colaborar con conversaciones asertivas, la herramienta KOOPtel, la discrepancia en el debate como herramienta de construcción, una presentación inicial con ideas muy claras y que condensan muchos años de experiencia y sabiduría… ¡Así nos quedó la apetecible tartera!

 

Por último, Txelu nos propuso cerrar la sesión invocando a las aliadas. Una especie de grito de guerra y de chute de energía para acabar en lo más alto. Cada persona debíamos pensar en una persona que queríamos que fuera nuestra aliada en la próxima colaboración y gritar su nombre al final de una cuenta atrás. ¡Allá vamos!

3,2,1… TÚ

Las cámaras se desconectan poco a poco y cada una conectamos con nosotras mismas y con nuestra realidad. Momento de reflexionar y degustar los aprendizajes que nos llevamos. La evaluación en forma de tartera sirvió para captar los aprendizajes de las personas asistentes: contactos para poder trabajar juntas, redes, herramientas, otras formas de colaborar y relacionarse, valorar los capitales de los que se disponen desde un inicio… creo que a todas las presentes se nos abrió un universo de oportunidades y se nos despertaron las ganas de crear en colectivo. Esa fue la gran aportación de la sesión.

Estos aprendizajes convergen con los propios de Economistas sin Fronteras. Desde un rol de dinamización pudieron estar presentes en los diferentes debates de grupos pequeños, conocer la realidad de las personas emprendedoras, sus preocupaciones, sus motivaciones… sesiones como éstas, constituyen un insumo imprescindible para el planteamiento de nuevas acciones formativas y de asesoramiento.

La relatoría, a cargo de Pablo Sal, coordinador de La Tercera Pata, fue muestra de otra forma de colaborar, de innovar en la colaboración y de involucrar a diferentes agentes en la organización de la sesión. En lo personal me enchufó totalmente en la sesión y me hizo conectar más profundamente con todas las participantes. También supuso un reto a nivel de mis habilidades comunicativas, ámbito en el que no soy experto ni mucho menos y que generó un proceso creativo bonito y que disfruté a medio camino entre la ilusión y la inseguridad. Por último, la sesión era especialmente importante en lo que se refiere a construcción de colaboraciones sanas, basadas en la confianza y en la reciprocidad; reto mayúsculo para un proyecto incipiente y con vocación de crear un espacio colaborativo como La Tercera Pata.

Con todos estos aprendizajes compartidos en la mochila, no tengo dudas que a todas nos encantaría continuar con estas sesiones que favorecen el trabajo en red y que seguramente las disfrutaríamos más en el caso de ser presenciales. Encuentros como éste favorecen el crecimiento y consolidación de la Economía Solidaria como alternativa real al modelo capitalista imperante. ¡Un camino bonito y con acompañantes que no dejan de sorprenderte!

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