Del diagnóstico a la acción: cómo transformar el uso del espacio

Vivimos rodeados de indicadores económicos que muchas veces suenan lejanos o difíciles de entender. Pero en una mesa redonda celebrada en Bilbao, dentro del Curso de Economía Crítica, tres personas investigadoras bajaron la economía a tierra para hablar de algo muy concreto que a menudo pasa desapercibido: el espacio que ocupamos.

¿Dónde actúa el capitalismo? ¿Quién decide qué se construye y dónde? ¿Quién controla las ciudades, los barrios, los recursos naturales o incluso el conocimiento? ¿Y qué hacen los gobiernos frente al poder de las grandes empresas?»

La mesa de debate llevaba por título ESPACIO – La dimensión espacial de los límites del capital” y fue moderada por el investigador Jon Las Heras, quien guió la conversación entre tres voces clave: la economista argentina Cecilia Rikap, el geógrafo Luis Andueza y el historiador económico Javier Moreno. Cada uno desde su ámbito —la innovación digital, el extractivismo petrolero y la crisis de la vivienda— ofreció una mirada crítica y rigurosa sobre cómo el capital se apropia del espacio, lo transforma y lo convierte en frontera de acumulación.

Las Heras abrió el diálogo y citó a David Harvey, Neil Smith y otros autores que han vinculado el espacio con las dinámicas de poder. La noción de escala fue central: lo local, lo nacional y lo global no son niveles neutros, sino arenas donde se dirime quién manda y quién obedece.

La geografía crítica, decía, no es solo cartografía. Es análisis político-territorial. Desde dónde se construyen las ciudades hasta quién decide dónde colocar un servidor informático o extraer petróleo, cada acción revela una forma de gobernanza. El espacio no es sólo geográfico: es político, económico y cultural.


Javier Moreno: la vivienda entre producción y rentismo

Moreno tomó la palabra con una ponencia articulada en torno a la vivienda, ese espacio cotidiano convertido en mercancía. Su tesis giró en torno a una contradicción estructural: la vivienda se encuentra tensionada entre dos lógicas divergentes. Por un lado, la lógica del productor, que compite para abaratar costes y construir más. Por otro, la lógica del rentista, que busca escasez para extraer valor mediante la especulación.

Esta contradicción genera efectos perversos:

> Dificultad para acceder a vivienda digna.
> Incentivos a la inversión inmobiliaria en vez del uso residencial.
> Financiarización del espacio urbano.
>Emergen figuras híbridas como el propietario-residente que actúa como pequeño capitalista, priorizando la revalorización sobre el bienestar.

Moreno desmontó la idea de que el mercado de vivienda pueda autorregularse. Mostró cómo las políticas públicas —desde la desregulación del alquiler hasta la promoción de vivienda en propiedad— han servido históricamente al capital y no a los residentes. Incluso cuando el Estado interviene, lo hace desde una racionalidad contable y no desde una lógica de justicia territorial.

Como colofón, argumentó que el valor de uso de la vivienda contradice constantemente su valor de cambio, y esa tensión genera crisis. ¿Es posible desmercantilizar la vivienda? Moreno propuso ir más allá de lo público-estatal y pensar en modos colectivos de producción del hábitat.


Luis Andueza: extractivismo, desplazamiento y etnoburocracia

Andueza llevó la conversación a la selva amazónica, concretamente a la región nororiental de Perú, donde el trazado del oleoducto Norperuano modificó radicalmente los modos de vida de comunidades indígenas.

A partir de un trabajo etnográfico prolongado, relató cómo el extractivismo petrolero transforma no solo el ecosistema sino también las estructuras políticas, identitarias y sociales de los pueblos originarios.

Uno de sus puntos más potentes fue la creación, por parte del Estado peruano, de la figura legal de “comunidad indígena” como forma de gobernanza. Lo que aparentaba ser un reconocimiento político fue, en la práctica, una reconfiguración forzada del territorio y de los vínculos comunitarios. De redes de parentesco dispersas se pasó a estructuras organizadas para facilitar la negociación con las empresas extractivas.

El caso de Nueva Unión, una comunidad desplazada a una zona inundable, ejemplifica cómo el capital y el Estado redibujan el espacio para favorecer la extracción. El cambio de localización supuso pérdida de autonomía alimentaria, dependencia monetaria y fragmentación social. Andueza explicó que el capital necesita que la vida indígena valga poco para aumentar la rentabilidad. Y el Estado, lejos de frenar ese proceso, lo territorializa.

Además, introdujo el concepto de campo etnoburocrático: un espacio de disputa donde la identidad indígena se convierte en herramienta legal y política para acceder a recursos. El reconocimiento burocrático, decía, es también una forma de control.


Cecilia Rikap: conocimiento, monopolios y soberanía digital

Rikap centró su exposición en el papel del conocimiento como fuerza productiva y su apropiación por parte de grandes corporaciones tecnológicas. Desde su marco de capitalismo de monopolios intelectuales, analizó cómo empresas como Microsoft, Alphabet y Amazon no solo acumulan capital, sino que planifican la producción mundial de conocimiento.

Sus principales aportes fueron:

> Estas corporaciones controlan datos, algoritmos, talento y narrativas.
> Practican un rentismo proactivo, no basado en propiedad física sino en diseño de plataformas e infraestructura cognitiva.
> Invierten más en I+D que muchos Estados, configurando una forma privada de planificación científica.
> El conocimiento se convierte en mercancía, pero también en herramienta de gobierno.

Rikap alertó sobre la dependencia digital de los países periféricos, que suelen alojar centros de datos en condiciones extractivas: consumen agua, energía y espacio sin dejar autonomía tecnológica. Además, la relación entre corporaciones y universidades configura un nuevo modelo de colonización epistémica, donde la investigación responde al mercado más que al interés público.

Su intervención pidió democratizar el conocimiento, planificar la innovación desde lo público y fortalecer la soberanía tecnológica de los países del Sur. Sin estos pasos, el capital informacional seguirá expandiendo su dominio.

El Estado como campo de disputa

La discusión en torno al papel del Estado fue una de las más complejas. Las Heras preguntó ¿si el Estado es mero instrumento del capital o si conserva capacidad de agencia?

Las respuestas matizaron el debate:

> Moreno lo describió como un gestor de modelos estratégicos, con márgenes de maniobra reducidos por la globalización financiera.
> Andueza lo definió como actor indispensable para territorializar la acumulación extractiva, regulando (o fingiendo regular) los conflictos.
> Rikap argumentó que sin los Estados, los monopolios intelectuales no existirían, pues dependen de marcos jurídicos, subsidios y contratos públicos. Al mismo tiempo, señaló que los Estados tienen relaciones jerárquicas con las corporaciones, más parecidas a la diplomacia que a la regulación.

Coincidieron en que el Estado no es un bloque homogéneo. Es un espacio en disputa, con capacidades, contradicciones y potencial de transformación. Abandonarlo es entregar aún más poder al capital.


Valor, renta y teoría crítica: ¿sigue sirviendo Marx?

La sesión concluyó con una reflexión colectiva sobre la vigencia de la teoría del valor en el análisis contemporáneo. ¿Puede Marx seguir explicando los nuevos modelos de acumulación?

> Andueza definió el valor como forma de metabolizar las relaciones sociedad-naturaleza bajo el capitalismo
> Moreno habló de la coexistencia de rentismo y producción como núcleo del capitalismo actual.
> Rikap matizó que la ley del valor no opera con regularidad, y que hoy las luchas pasan por desafíos al pensamiento dominante, redistribución del saber y soberanía cognitiva.

Lejos de cerrarse en dogmas, el debate mostró una apertura teórica que mezcla tradición crítica con diagnósticos innovadores. Como dijo Rikap: “La batalla hoy es por quién planifica el conocimiento”.

Entre el diagnóstico y la acción: ¿por dónde transformar?

La mesa redonda no se limitó a denunciar. Cada intervención propuso vías de transformación:

> Moreno insistió en que desmercantilizar la vivienda requiere reconstruir lógicas comunitarias del habitar.
> Andueza llamó a fortalecer territorios desde lo situado, con prácticas de resistencia organizadas y persistentes. “Si Gaza sigue resistiendo”, dijo, “no hay excusas para rendirse”.
> Rikap apostó por una planificación democrática del conocimiento, alianzas internacionales y control público de las infraestructuras digitales.

                          
                        >>> Volver al Resumen general

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.