Planificar desde abajo: fórmulas para democratizar la economía vasca

La mesa redonda “CRISIS: El rumbo de la política económica vasca» era el título de una de las mesas temáticas del Curso de Verano de la EHU/UPV. Un espacio de reflexión y debate para comprender las contradicciones del capitalismo como sistema de reproducción social. Las ponentes compartieron diagnósticos que, desde distintos enfoques, coincidían en señalar una falta de ruptura con las lógicas dominantes del sistema y una oportunidad aún abierta, para transitar hacia modelos económicos alternativos.


Diagnóstico: continuidad del modelo neoliberal

Las tres ponentes coincidieron en que la actual política económica vasca se enmarca en una gestión del statu quo, sin una apuesta real por transformaciones estructurales.
   Helena Franco subrayó que los partidos en el poder están cómodos con el modelo neoliberal y no ven necesidad de cambiarlo, pese a las crisis que atraviesa. Según Helena, el discurso oficial sigue centrado en la competitividad, la atracción de capital extranjero y el crecimiento, sin cuestionar la lógica de mercado.
   Roser Espelt reforzó esta idea al señalar que, aunque han cambiado algunos discursos —por ejemplo, con la inclusión de la transición verde o digital—, los objetivos y herramientas fundamentales de la política económica siguen sin alterarse. La política industrial sigue sirviendo a intereses privados, debilitando el espacio público, y no hay verdadera planificación estratégica.
   Miren Estensoro desde su experiencia en Orkestra, añadió que trabaja en las «grietas del sistema», intentando introducir una mirada más inclusiva, crítica y democrática dentro de las estructuras institucionales. Sin embargo, reconoció que las lógicas dominantes limitan mucho este esfuerzo.


Límites estructurales y políticos

Las tres ponentes abordaron los límites de acción política, tanto estructurales como ideológicos:

> Helena Franco explicó cómo la pérdida de herramientas de intervención pública (como la política industrial directa, la banca pública, etc.) ha dejado a las instituciones vascas con menos capacidad de actuación. Además, señaló la subordinación al marco jurídico del Estado español y de la Unión Europea, así como el chantaje del capital privado, que amenaza con deslocalizaciones si se aplican políticas transformadoras.

> Roser Espelt puso el foco en el papel de la financiación y la desregulación: la intervención pública actual depende en exceso del capital privado, y los fondos públicos terminan en manos de empresas que no cumplen criterios sociales ni ambientales. También criticó que el enfoque de género, medioambiental o lingüístico (euskera) solo se incorpore de forma superficial o instrumental

> Miren Estensoro habló de los límites internos de las administraciones públicas, especialmente su cultura organizativa jerárquica y su falta de competencias para afrontar retos complejos. Subrayó la importancia de formar a las personas que trabajan en las instituciones para que puedan integrar nuevas lógicas de gobernanza y democratización económica.


¿Qué papel le queda a la clase trabajadora?

Una parte destacada del debate giró en torno a cómo recuperar el papel central de la clase trabajadora en la formulación de políticas económicas, más allá de la mera reacción.

Roser Espelt defendió que la clase trabajadora debe estar en el centro del proceso productivo y que su participación no puede reducirse a una “decoración” en los foros institucionales. Criticó la tecnocratización de la política industrial, que excluye a las trabajadoras y se define en despachos de consultoras o élites técnicas. Propuso democratizar las empresas, extender derechos como el veto sindical sobre inversiones y fomentar infraestructuras políticas que permitan a la clase trabajadora tener poder real.


Autonomía institucional y captura de políticas

Helena Franco fue directa en su diagnóstico: las instituciones tienen más margen del que ejercen, pero no lo usan por falta de voluntad política. Subrayó que el problema no es solo legal o competencial, sino de alineamiento ideológico entre élites políticas y empresariales. Afirmó que la política industrial está secuestrada por las grandes empresas y la patronal, que muchas veces dictan la política del gobierno. Lamentó también la falta de coordinación y organización de los agentes transformadores (movimientos sociales, sindicatos, academia, etc.), que pierden eficacia y peso frente al bloque conservador.


El territorio como actor: el potencial del ámbito local

Miren Estensoro propuso mirar hacia el nivel local como espacio más viable para la experimentación política. Criticó la visión homogénea del territorio en las políticas industriales y destacó el papel de las empresas pequeñas, que suelen quedar excluidas de los procesos de innovación o apoyo institucional. Defendió la construcción de gobernanzas multinivel que integren a todos los agentes y reconozcan su interdependencia. Puso como ejemplo el Laboratorio de Desarrollo Territorial de Gipuzkoa y la necesidad de agentes facilitadores para construir diálogos entre actores diversos.


¿Es posible una política industrial transformadora?

En la última ronda, centrada en el futuro, las tres ponentes trazaron propuestas y condiciones para una política industrial vasca transformadora:

Helena Franco, apostó por una planificación económica democrática y por empezar a hablar sin miedo del decrecimiento en el norte global. Defendió un modelo que priorice el bienestar suficiente y el reparto equitativo, incluso aunque implique producir y consumir menos. Insistió en que hay que asumir la emergencia ecológica como límite estructural, pero también como oportunidad para revalorizar el tiempo, los cuidados, la comunidad y la vida.  En cuanto al liderazgo del proceso, reconoció que ni los partidos, ni los sindicatos, ni los movimientos sociales tienen suficiente legitimidad por sí solos, y propuso una autoridad compartida que construya confianza y consenso.

Roser Espelt, defendió que la política industrial debe tener objetivos políticos claros y no presentarse como una herramienta neutral. Reivindicó la necesidad de planificación económica democrática, inspirada en principios como la coordinación, coherencia y criterios claros (las “3 C” del ejemplo coreano). Apostó por redefinir el rol del Estado como actor con capacidad de inversión y dirección estratégica, especialmente en sectores clave como el energético o la automoción. Señaló también que hay que democratizar las decisiones dentro de las empresas y no tratar todos los sectores del mismo modo: hay que priorizar aquellos que fomentan soberanía y sostenibilidad.

Miren Estensoro, puso el énfasis en crear espacios de diálogo desde lo local, como el ámbito municipal, donde ya existen iniciativas desde la economía social o las agencias de desarrollo. Propuso fomentar la interacción entre distintas lógicas, aún descoordinadas, pero con retos comunes, como la transición ecológica o el empleo digno. Reivindicó también el rol de la academia crítica para articular esos diálogos y facilitar procesos de transformación.


Debate con el público

En el turno de preguntas, se abordaron cuestiones como la captura de la política económica por parte de las cadenas globales de valor, el papel de los conflictos sindicales para transformar políticas (casos de Nissan en Barcelona, o Florencia en Italia), o la necesidad de foros eficaces para formular propuestas de futuro.

Roser Espelt recogió el guante destacando que hay que disputar la política industrial desde el conflicto sindical, pero también desde la formulación de propuestas, mediante cláusulas que condicionen las inversiones y garanticen derechos sociales, laborales y ambientales. Reivindicó los comités de transición ecosocial como instrumentos prometedores en este camino.


Conclusión

La mesa evidenció una coincidencia crítica en el diagnóstico: las políticas económicas vascas actuales están más preocupadas por gestionar lo existente que por transformarlo. Pero también dejó entrever posibilidades reales para construir alternativas: desde lo local, desde la academia, desde los sindicatos, desde nuevas formas de gobernanza democrática. Para ello, será imprescindible la cooperación, la valentía institucional, y sobre todo, una reorganización del bloque transformador que hoy aparece disperso y poco eficaz.

                                                   >>> Volver al Resumen general

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.